CADA DÍA NOS BOMBARDEAN CON MENSAJES sobre cómo podemos hacerlo mejor y ser mejores. Sentimos esperanza cada vez que escuchamos cómo el mantra, ejercicio, plan financiero o determinación correcta nos llevarán a una vida mejor. Después de todo, ¿a quién no le gusta esa idea? Todos queremos crecer y prosperar. Sin embargo, aun con innumerables técnicas para encontrar la felicidad, ninguna dura. ¿Por qué? Porque la autoayuda al final no alcanza. Necesitamos la ayuda de Dios
Lo mejor que la autoayuda puede hacer con nuestro sufrimiento, carencias y con nuestra espiral descendente, es declarar: “¡Hoy se acaba!”. Así debería ser. Pero no es suficiente que los pensamientos en espiral paren; necesitamos ser redimidos. La esclavitud necesita rescate. La opresión debe ser levantada. La ceguera espera por la visión. El capricho debe ser transformado. No hay declaración autogenerada que pueda hacer esto. Necesitamos una transformación completa: que nuestra mente sea intercambiada por la mente de Cristo
Fuimos hechos para experimentar vida y paz cuando pensamos menos en nosotros y más en nuestro Creador y en los demás. La única verdadera autoayuda es, que como seguidores de Jesús, creamos en quiénes somos como hijos de Dios y sepamos que nuestra identidad ha sido asegurada por la sangre derramada del Hijo de Dios mismo. Cuando pensamos menos en nosotros y más en amar a Dios y a las personas que Dios nos pone delante
Una vez que tomes cautivo un pensamiento, lo sometes a Cristo. Esa es la única manera en que puedes experimentar una nueva mente, una nueva identidad y forma de vivir; una empoderada por el Espíritu. La autoayuda solo puede ofrecernos una mejor versión de uno mismo; Cristo busca rehacernos por completo. Dios en ti. La mente de Cristo
Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿O quién podrá instruirlo? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo 1 Corintios 2:16