DIA 12 - REDIRIGIR LA ATENCIÓN
Por Bernabe |
¿EN QUÉ TE CONCENTRAS? CONOCES TU FIJACIÓN. Es en lo que piensas constantemente. Nuestras fijaciones se manifiestan en nuestras palabras, sentimientos y decisiones. Son el foco de los libros que leemos, los podcasts, los sitios web, los grupos que buscamos y las obsesiones que perseguimos. Podría ser tu peso o preocupaciones por tus hijos o temor por tu salud. Algo está absorbiendo tus pensamientos.
Aquí está la cuestión: ¡Dios te ha dado el poder de interrumpir esta fijación!
Eso es lo que nos dice la Biblia y es una noticia que necesitamos escuchar desesperadamente.
La pregunta que queda es: ¿Cómo? ¿Cómo podría interrumpir mi espiral descendente?
Para ti, la respuesta —al menos en parte— podría estar en recibir terapia o en ser parte de una comunidad. O en ayunar. Ciertamente, en la oración. Para ti y para mí, ambos, la respuesta se centrará en Dios; en su presencia, su poder y su gracia.
Toda espiral puede ser interrumpida. No existe ninguna fijación fuera del alcance de los brazos de Dios.
Él nos ha dado el poder, las herramientas y su Espíritu para cambiar la espiral. Cuando estamos dispuestas a tomar la iniciativa de elegir diferentes pensamientos y elegir su verdad, algunas cosas muy interesantes comienzan a desarrollarse.
Por un lado, cuando tenemos pensamientos nuevos, alteramos físicamente nuestro cerebro. Cultivamos nuevas neuronas. Abrimos nuevos caminos. Cuando tenemos nuevos pensamientos, todo cambia para nosotras. Lo que pensamos, nuestro cerebro lo convierte. En lo que nos fijamos es, neurológicamente, en lo que nos convertiremos.
Entonces, ¿quién serás? Todo se reduce a un pensamiento. Y luego otro pensamiento. Y luego otro después. En otras palabras, dime en qué estás pensando y te diré quién eres.
Si no nos gusta hacia dónde va eso, tenemos el poder de redirigir esos pensamientos. Como hacemos con los niños cuando comienzan a perder el control. “Niño, pausa”, les decimos. “Te amo. Estás bien. No tienes que entrar en pánico. Puedes escoger otro modo. Esto no tiene que abrumarte”.
Les contamos lo que es real, lo que es verdad. Y lo que es cierto para ellos también lo es para nosotros. Redirigimos a los niños todo el tiempo. ¿Por qué no deberíamos redirigirnos a nosotros mismos?
Primero tenemos que recordarnos que el cambio es posible. ¡Podemos elegir! Y cuanto más a menudo nos aferremos a esa verdad, más fácil será interrumpir nuestras fijaciones y la espiral descendente de nuestros pensamientos y conducirlos a un lugar nuevo.
Es posible que descubras que algunos pensamientos, una vez interrumpidos, simplemente perderán su poder. Dios puede hacerlo. Otros pensamientos, sin embargo, pueden requerir ser llevados cautivos y redirigidos diariamente. O cada hora. O incluso, más frecuentemente que eso. Pero esos pensamientos se pueden capturar, se pueden contener.
Puedes ser libre. Puedes aprender a cuidar tu mente. La batalla por tu mente se gana al redirigir tus pensamientos y reenfocarte en Jesús, cada momento, cada hora, cada día.
Yo te voy a hacer que entiendas. Voy a enseñarte el camino que debes seguir, y no voy a quitarte los ojos de encima
Salmos 32:8