CON TODO LO QUE SABEMOS HOY SOBRE EL CEREBRO, podemos ver que cada referencia que se hace en las Escrituras al corazón en realidad se refiere a la mente y las emociones que experimentamos en nuestro cerebro. Muchas de las verdades de la Biblia acerca de nuestra mente han sido respaldadas por la ciencia. Todo esto se vuelve cada vez más importante a medida que exploramos cómo tomar el control de nuestra mente y podría ser la clave para encontrar la paz en todos los demás ámbitos de nuestra vida.
Alguna vez pensamos en la mente como algo inmutable y fijo. El cerebro con el que naciste y la forma en que funcionaba —o no— era “como era”; no tenía sentido preocuparse por lo que no se podía cambiar. Ahora sabemos que el cerebro cambia constantemente, queramos o no.
¿Cómo cambia? El Dr. Daniel Siegel escribe: “Donde va la atención, el circuito neuronal fluye y la conexión neuronal crece (...) Patrones que pensaste que estaban fijos, en realidad son cosas que con algo de esfuerzo mental pueden ser cambiados”. En otras palabras, podemos elegir dónde ponemos deliberadamente nuestra atención y dónde no deberíamos ponerla.
Afortunadamente, lo que empieza como un esfuerzo se vuelve instintivo. Lo que para mí solo era posible hace doce meses, se volvió probable unos meses después. Y lo que era probable en la primavera, se volvió predecible al final del verano. Y basándonos en la idea de Pablo en el versículo de hoy, tú y yo podemos aprender a cuidar nuestra mente hasta el punto de que controlar nuestros pensamientos se vuelva un acto reflejo: una respuesta automática e intuitiva.
¿Cómo cambiaría tu vida si realmente pudieras adoptar una mentalidad que habita en el Espíritu? ¿Una mentalidad centrada en la vida y la paz? ¿Una mentalidad que piensa constantemente en Dios: quién es Él y qué quiere para ti? Este es el objetivo de las interrupciones deliberadas: puedes detener abruptamente las espirales alocadas de tu mente. A medida que practicas el arte de la interrupción, puedes cambiar a una mentalidad completamente nueva y, con cada cambio, te encontrarás creciendo cada vez más en la mente de Cristo.
Porque los que siguen los pasos de la carne fijan su atención en lo que es de la carne, pero los que son del Espíritu, la fijan en lo que es del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz
Romanos 8:5-6