LA MAYOR BATALLA ESPIRITUAL se está librando en nuestra mente.
Cada evento grande u horrible de la historia o en nuestra vida, está precedido por un pensamiento. Y ese pensamiento se multiplica hasta convertirse en una mentalidad, a menudo sin que nos demos cuenta. Nuestro objetivo es ser conscientes de nuestros pensamientos y convertirlos deliberadamente en buenos resultados.
Así como una mentira ininterrumpida en mi cabeza tiene el potencial de provocar una destrucción inimaginable en el mundo que me rodea, un pensamiento que honra a Dios tiene el potencial de cambiar la trayectoria tanto de la historia, como de la eternidad.
En otras palabras: eres lo que crees. Probablemente sepas cuál es el pensamiento más recurrente para ti, ese que más que cualquier otro informa a tus otros pensamientos y sí, a tus acciones. El enemigo te dirá que el cambio es inútil, que eres víctima de tus circunstancias y de tus patrones de pensamiento.
El enemigo quiere que te conformes, que sobrevivas y ser más o menos feliz. Te animará a aceptar “esto es lo que eres”, que no puedes cambiar.
Contra tales mentiras, tu objetivo es llevar cautivo el pensamiento tóxico e interrumpirlo con este: “yo elijo”. El objetivo de llevar cautivo cada pensamiento no es tomar control de lo que nos sucede, sino descansar en que Dios está con nosotros, pelea por nosotros y nos ama. Jesús derrotó al pecado, a Satanás y a la muerte, y resucitó, y debido a su victoria, el mismo poder de resurrección habita en quienes hemos sido redimidos por el evangelio.
Es una paz dada por Dios que sobrepasa la comprensión de nuestros estados de sufrimiento.
Es aprovechar el tiempo en medio de una distracción y un ruido sin precedentes.
Es la belleza de estimar a los demás en medio de una cultura narcisista.
Así es como se puede respirar profundamente y dormir tranquilos en una sociedad plagada de ansiedad.
Eres ciudadano de otra realidad. Aprendamos a pensar así.
…porque cuál es su pensamiento en su mente, tal es él
Proverbios 23:7