SI CREEMOS EN LA BIBLIA, es clara en una cosa: hay un enemigo para Dios y para nosotros. Estamos en guerra. El deseo del enemigo es matar, robar y destruir. Y una de las formas de hacerlo es a través de nuestra mente.
Jesús dice que el enemigo es padre de la mentira. He visto como unos tras otros han creído esas mentiras. Yo también las he creído. Y aquí está la cuestión: no nos damos cuenta de que estamos creyendo mentiras. Empezamos a creer que son ciertas. Pronto nuestra mente se vuelve un caos, marcado por el desánimo, la distracción y el agotamiento. Pero hay una salida.
La Biblia dice: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne” (2 Corintios 10:3). Muchas veces nos detenemos en la respuesta física y emocional en lugar de darnos cuenta de que está ocurriendo otra batalla.
Todas luchamos contra nuestras propias mentiras. Y esas mentiras son reales para nosotras. He caído bajo ataques tan silenciosos y sutiles que olvidé por completo que el enemigo podría estar susurrándome una mentira. Podía creer que una mentira era verdad, caminar en ella, vivir con ella y construir patrones de pensamiento y espirales tóxicas en torno a ella sin siquiera reconocer la mentira tal cual era.
El enemigo es astuto al utilizar ciertas mentiras para atacar las mentes de nuestra generación. Desde el cinismo hasta el ruido y el victimismo, nos está lanzando una andanada de mentiras únicas. Sin embargo, las armas de nuestra guerra no son carnales, sino que tienen poder divino para destruir fortalezas. Al disciplinar y entrenar nuestros pensamientos, con el tiempo podemos cambiar nuestra mente.
Puedes reconocer al enemigo al que te enfrentas. Puedes hablar con autoridad sobre las mentiras del enemigo debido al poder de Dios que es real y lo suficientemente fuerte como para destruirlos. Puedes ser libre. Sí, hay un enemigo. Pero nuestro Dios es más grande.
Revístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan hacer frente a las asechanzas del diablo.
Efesios 6:11