UN PSIQUIATRA AMIGO ME DIJO que la mayoría de los humanos cree una de las tres mentiras básicas que desencadenan pensamientos tóxicos. No podía creerlo, porque sentía que estaba creyendo un millón de mentiras por día. Pero él dijo: “No, solo tres”. Esas mentiras son:
Soy impotente
Soy indigno
No merezco ser amado
Estas mentiras son la base de nuestros temores. Y hasta que no llegues a la raíz de tu miedo, este seguirá teniendo control sobre ti.
Practica. Toma cualquier problema que te provoque sentimientos de ansiedad y escribe tus pensamientos diariamente. Empieza a notar qué es lo que te preocupa. Fíjate en todo. No solo grandes y malos pensamientos, sino en cada pequeño pensamiento que genera ansiedad. Algunos quizás ni siquiera los notes hasta que los escribas.
A medida que avances verás algo de fondo. Suele revelarse algo como: “Lo que me preocupa es que estoy perdiendo mi seguridad”. La mentira es: “Estoy indefenso”. Cualquiera que sea la mentira “raíz”, pregúntate dónde y cuándo empezaste a creerla. Luego considera cómo podrías estar contribuyendo a la mentira.
Pasemos a la parte buena. Cuando comiences a darte cuenta de qué mentiras estás creyendo, el siguiente paso es decirles la verdad. Si estás cayendo en una espiral de mentiras: “No soy digno de ser amado”, no puedes simplemente decir: “¡Falso!” y creer que eres adorable. Muchos enfoques de autoayuda terminan ahí. Dios tiene más para nosotros y hay una gran esperanza en su plan y en su manera de renovar nuestra mente. Aunque yo pueda sentirme impotente, Él es poderoso. Aunque pueda sentirme indigno, Él ha dicho que soy digno. Si siento que no merezco ser amado, Dios dijo: “Valió la pena morir por ti”.
Profundiza para descubrir la raíz de tus pensamientos ansiosos y luego reemplaza con la verdad. Cree en la verdad, que te ama, te ayuda y da esperanza; y entonces serás libre.
“Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”
Juan 8:31-32