HAY UN MODO DE ACTUAR EN MUCHOS DE NOSOTROS. Nuestros pensamientos nos guían a ciertas emociones y esas emociones están dictando nuestras decisiones; y nuestras decisiones determinan nuestro comportamiento y luego nuestro comportamiento les da forma a nuestras relaciones (las nos ayudan o dan pensamientos dañinos). Damos vueltas y vueltas, vamos girando hacia abajo aparentemente fuera de control. Gastamos toda nuestra energía en conversaciones, asesoramiento y oración, tratando de cambiar lo más interno de nosotros, nuestras emociones, sin éxito.
Es hora de probar algo diferente. En lugar de gastar nuestra energía tratando de solucionar los síntomas, deberíamos ir directamente a la raíz del problema, y no son las emociones. Estas emociones son el resultado de lo que pensamos. Lo bueno es que podemos cambiar nuestra forma de pensar. Eso dice la Biblia. En Romanos, el apóstol Pablo nos dice “transfórmense por la renovación de su entendimiento” (12:2). Y una mirada al funcionamiento del cerebro confirma lo que dice la Biblia: no solo se pueden cambiar los pensamientos, sino que nosotros podemos cambiarlos.
El enemigo quiere hacernos pensar que estamos estancados tal y como somos. Que nuestra forma de pensar es parte de nuestro ser, incluso si no nos gusta adónde nos lleva. Pero la verdad de Dios nos dice algo diferente: podemos cambiar. La ciencia y la Biblia confirman que podemos interrumpir nuestros pensamientos. Nuestro cerebro está lleno de circuitos neuronales, superficiales y profundamente por una vida entera de pensamientos, pero todos son moldeables. En ambos casos, Dios es poderoso para salvar.es poderoso para sanar.
No tienes que dar vueltas en tus pensamientos. A medida que aprendas a interrumpirlos con la verdad de Dios, descubrirás que Él busca tu libertad.
Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto
Romanos 12:2